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10 de octubre de 2016 6

¿De verdad tu jefe no te deja?

Estimad@ Emprendedor/a,

El otro día mi socio Juan compartía en instagram la siguiente publicación. Me hizo reflexionar.

empleados no valorados

Mi primera reacción al ver la imagen fue un gran desacuerdo. Se que muchos jefes no valoran a sus empleados ni les animan a crear pero muchos otros sí. Estoy harto de ver ese papel de víctima de algunos empleados que, aún no haciendo mucho por solucionar la situación, se quejan y también de ver a quienes se les da la oportunidad y no la aprovechan hasta el punto de ver el ofrecimiento de sus jefes como ‘pedirles más de aquello por lo que les pagan’.

Yo me he sentido en varias ocasiones en esta situación, no solo en cuanto a la limitación de mi creatividad sino también en términos de sentirme valorado como profesional. Antes de posicionarme en el lado del empresario o en el lado del empleado he decidido hacer una reflexión sobre aquellas situaciones de mi vida en la que me he encontrado en esa tesitura: analizo lo que ocurrió, qué podría haber hecho y qué aprendí de ello. Al final dejo unas breves reflexiones. ¿Me acompañas?

En mis estudios

En el colegio o en la universidad siempre hay profesores que destacan frente a otros. Los que sobresalen y te marcan son los que innovan, aprenden técnicas de motivación y la aplican en sus clases. El problema es que hay muy pocos alumnos con la madurez suficiente para aprovechar el potencial de estos y también, cuando estás estudiando, al no ver la practicidad de todo lo que te están enseñando, es complicado mostrar interés. También hay muchos alumnos que trollean (yo era uno de ellos) y desmotivan al formador.

Años después es cuando te vienen a la cabeza sus métodos, enseñanzas y valores diferenciales. Es muy parecido a la educación de tus padres: cuando eres un tanto rebelde vives en una continua lucha pensando que su único objetivo es boicotearte. No es hasta años más tarde que realmente aprendes el valor de todo lo que han hecho por ti.

  • ¿Qué hubiera pasado si hubiese intentado destacar?

Cuando lo hice los resultados fueron excelentes en la mayoría de las ocasiones. El educador me mostró una nueva faceta de si mismo y llegué a conocer de verdad al profesional que había detrás.

  • ¿Qué aprendí de esta situación?

No te frustres con los que hacen el mínimo. La lección es aprender a no ser como ellos. Diría también que trates de aprovechar a los que destacan pero como ya he comentado, en esas edades estás descubriendo tantas cosas que es complicado que esta sea una de tus prioridades.

Aprendí además a desarrollar métodos formativos motivadores y aplicarlos en mi trabajo (gran parte de mi actividad profesional está relacionada con ello).

Con un jefe desorganizado y con presión sobre sus espaldas

En una empresa en la que trabajé en la cual mi jefe directo estaba muy ocupado asimilando su nuevo puesto de trabajo y tenía mucha presión por encima que transmitía a su equipo sentí que no podía desarrollar todo mi potencial. Mi jefe si que me permitía innovar pero no te daba las directrices para ello. Fue una de mis primeras experiencias laborales y no sabía cómo.

  • ¿Qué hubiera pasado si hubiese intentado destacar?

Lo hice pero la desorganización interna existente y mi falta de experiencia no facilitaba las cosas.

  • ¿Qué aprendí de esta situación?

Aprendí mucho sobre cómo no hacer las cosas y luego no lo supe aplicar cuando me tocó ser jefe. Hasta que no he conseguido organizarme no he podido levantar la presión sobre mi equipo y aún así sigo cayendo de vez en cuando. No es más que el aprendizaje de la vida del empresario: el aprender a liderar. Llevo 8 años haciéndolo y aún pienso que me queda mucho por aprender.

Con un jefe ‘cómodo’ en su puesto y una jerarquía muy compleja

Tuve un jefe al que le gustaban las cosas como estaban. No quería complicarse la vida. Lo que me hubiera gustado hacer habría sido tratar de destacar con su superior directo pero este era muy lejano como persona y en la jerarquía de la empresa..

  • ¿Qué hubiera pasado si hubiese intentado destacar?

Lo intenté, era joven y estaba muy motivado pero me desanimé en los primeros rechazos. También, el hecho de pensar que hubiera sido mi jefe más directo quien se hubiese llevado las medallas y no hubiera valorado mi trabajo, me desanimaba.

  • ¿Qué aprendí de esta situación?

Aprendí lo malo que es trabajar en una empresa muy jerarquizada y la importancia del contacto directo y la empatía. Esto si que creo que lo he conseguido aplicar pero quizás en exceso.

Con un jefe de la antigua escuela

Un señor que, allá por el año 2010 todavía daba las órdenes en un cuaderno: se reunía contigo, escribía lo que te tenía que contar, arrancaba la hoja de su cuaderno y te la daba. Creo que ni sabía manejar el correo electrónico y era el propietario de una de las empresas de distribución hotelera offline internacional más potentes de nuestro país (en decadencia y según creo desde entonces ha ido en picado)

  • ¿Qué hubiera pasado si hubiese intentado destacar?

En esta fase de mi carrera ya tenía más madurez profesional. Me lancé, presenté propuestas muy viables que trabajaba fuera de mi horario laboral. No sirvió de nada.

  • ¿Qué aprendí de esta situación?

A no acomodarme y a estar continuamente formándome.

Yo como jefe en empresas ajenas

Es importante verlo desde el otro punto de vista, el de jefe. Me cuesta mucho explicar a gente que nunca ha tenido personas a su cargo este punto de vista, en su día traté de hacerlo en el post cúando hablarán los empleados de cuidar al empresario.

En mi primera experiencia con personas a mi cargo tenía un equipo de 6 personas. Entré con mucha fuerza, como amigo, como compañero, facilitando el trabajo, planteando todos aquellos métodos que a mi me hubiera gustado que me tratasen.

  • ¿Qué Ocurrió?

El personal ya estaba desmotivado y acomodado. Es muy difícil motivar a un equipo así, sobre todo cuando hablas con personas que ya tienen un método y que te superan la edad y la experiencia y sobre todo cuando, al ser tu primera experiencia, estás haciendo experimentos ‘de manual’ y no sabes lo que puedes esperar de ellos.

  • ¿Qué aprendí de esta situación?

A ser paciente, a no esperar demasiado y a valorar mucho los pequeños cambios. También que por mucho que lo intentes tu equipo nunca te verá como uno más.

En mi aventura emprendiendo

Ha sido quizás una de las experiencias más importantes que he tenido y tengo. Todo lo anterior me ha servido para aprender a motivar y a fomentar la creatividad y el espíritu emprendedor de mi equipo pero no todo ha sido un camino de rosas.

Empezamos gestionando todo con nuestro trabajo propio y apoyado por empresas externas, el trabajo de control con respecto a estas era complicado. Al poco tiempo incorporamos a una persona y, al solo tener que dedicarme a ella era algo relativamente fácil debido al bajo volumen de trabajo que teníamos. Poco a poco el equipo fue creciendo y con ello la presión y el volumen de trabajo. Nos dimos cuenta de que no habíamos elaborado procedimientos – aspecto clave para que todo el mundo sepa lo que debe hacer – y el hecho de no tenerlos se convirtió en una frustración: para nosotros por no obtener exactamente lo que queríamos y para el equipo por no saber la metodología con la que hacer las cosas.

  • ¿Qué ocurrió?

Nos tuvimos que poner las pilas en varios aspectos:

  • Herramientas: invertimos en software que nos ayudase a coordinarnos mejor.
  • Procedimientos: invertimos mucho tiempo en la creación de estos.
  • Directrices base: hay cosas que no son tan importantes pero otras lo son y mucho. Cada empresario tiene las suyas. Las mías, que las establezco en forma de directrices base (yo las llamo ‘mis manías’) y transmito a cada miembro de mi equipo cuando empieza a trabajar con ellas son:
    1. Hay dos maneras de hacer las cosas: bien como yo digo que se hagan o bien como tu pienses que deben hacerse. Si eliges la segunda opción, antes de lanzarte debes consensuarlas conmigo: una idea puede parecer buena desde una perspectiva pero un miembro de tu equipo no tiene en ocasiones la visión global de una empresa o proyecto y por lo tanto, lo que en un principio parece bueno no lo es tanto. Para ello siempre dejo claro que yo estoy 24 horas al día disponible.
    2. La ortografía es clave en nuestro trabajo. Siempre lo digo, perdí una cuenta de varios miles de euros mensuales por faltas de ortografía de gente que redactaba maravillosamente, pero en este sector la presión juega malas pasadas. Es por ello que siempre hago pruebas de ortografía antes de incorporar a nadie a mi equipo.
    3. Toda duda que tenga alguien de mi equipo debe venir con un propuesta de solución. Por muy absurda que parezca esta puede abrirnos la mente a aquellos que llevamos mucho tiempo ‘in the box’. Además de esta manera fomentamos la creatividad.
    4. Para cualquier cosa que se me plantee deberás ser capaz de argumentarme el qué, quién, cómo, cúando, dónde, porqué, quién, cómo y cuanto.
      Entiendo cualquier error, lo que no soy capaz de entender es la ocultación de estos.
    5. Si te bloqueas o tienes demasiado trabajo consúltame y analizaremos lo prioritario conjuntamente.
    6. Si tienes algún problema personal o profesional estoy disponible 24/7.
    7. No quiero que trabajes más de 8 horas diarias en nuestros proyectos ni pasadas las 19:00 horas.
  • ¿Qué aprendí de esta situación?

Mucho, y sigo aprendiendo, de hecho aún me considero un aprendiz en sus inicios pero creo que puedo darte una serie de consejos, no solamente fruto de esta última situación, sino de toda mi experiencia vital:

  1. Si estás en una situación en la que no avanzas o no te sientes valorado habla con tu jefe, te aseguro que en la mayoría de los casos el te escuchará. Ningún jefe (salvo excepciones) quiere que seas peor profesional, todos buscamos un equipo productivo aunque sea por puro egoismo y para que nuestros resultados de cara a nuestros superiores sean mejores. Si crees que no es tu caso:
    1. Ve buscando / trabajando en el cambio de situación.
    2. Aprovecha lo aprendido para no hacerlo cuando te toque ser jefe.
  2. Piensa que tu jefe no está todo el día pensando en ti: tiene su trabajo, las personas a quienes reportar, sus problemas personales… Si tu quieres un cambio en su actitud habla con el.
  3. Si realmente es cierto que tienes ese potencial emprendedor y creativo:
    1. Trabaja a diario en ello: cuando acabes tu jornada laboral dedica el tiempo que puedas a crear ese cambio, bien preparando una propuesta para mejorar tu trabajo, para sorprender a tu jefe o para ese proyecto en el que te encantaría estar dentro de 5 años.
    2. Todo llegará: encontraras a tu jefe perfecto o crearás un proyecto en el que no tengas que reportar a nadie (salvo a tus clientes que de algún modo también son tus jefes). Si no llega permíteme que te diga la dura realidad: seguramente no hayas trabajado en ello, aunque todos sabemos que la vida no es justa, no todos hemos tenido la misma educación, no todos hemos nacido con la misma energía ni todos utilizamos aquella parte del cerebro que nos impulsa a destacar. Si es así… lo siento.

La próxima vez que pienses si tu jefe no te deja avanzar o crear haz una reflexión como la que yo acabo de hacer y piensa si tu has hecho todo lo posible.

 

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6 Comentarios para “¿De verdad tu jefe no te deja?”

  1. Gracias por este post! Con 20 años me viene muy bien este tipo de entradas para poder valorar aún más lo que estoy estudiando y lo que haré cuando salga en un año. Hay de todo, jefes y empleados desmotivados… Lo importante es estar cerca de las personas que te aporten! Saludos :)

  2. Javier dice:

    Gracias Jaime una vez más por compartir experiencias.

    Esta me ha encantao!

    Me he identificado mucho en el post! hasta me ha sacado una sonrisa algunas situaciones por recordarme por donde vamos pasando. Me quedé en el punto jefe en empresas ajenas y de ahí he vuelto atrás y ahora estoy en “jefe cómodo en su puesto y con jerarquía compleja” y a un paso de iniciar aventura emprendiendo. Espero conseguirlo :)

    Un saludo!

  3. Carmela dice:

    Después de un tiempo uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma;
    Uno aprende que el amor no significa acostarse, que una compañía no significa seguridad y uno empieza a aprender…
    que los besos no son contratos y los regalos no son promesas; y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos.

    Y uno aprende a construir sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
    Y después de un tiempo, uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del sol quema.

    Y aprende a decorar su propio jardín y decorar su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
    Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende…

    Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano tendrás que volver a tu pasado.

    Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.

    Con el tiempo te das cuenta de que si estas a lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

    Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.

    Con el tiempo también aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.

    Con el tiempo aprendes que disculpar, cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.

    Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
    Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.

    Con el tiempo aprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sea como esperabas.
    Con el tiempo te das cuenta que en realidad, lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese único instante. Y aprendes que hay 3 momentos en la vida que uno no puede remediar: la oportunidad que dejaste pasar, la cita a la que no asististe, la ofensa que ya pronunciaste.

    Con el tiempo también aprendes sobre el dinero y entonces, comprendes que puedes comprar una casa, pero no un hogar; puedes comprarte una cama, pero no hacerte dormir; puedes comprarte un reloj, pero no te dará tiempo; puedes comprarte un libro, pero no conocimiento o lo que necesitas aprender; puedes comprarte una posición, pero no sirve para tener respeto; puedes comprarte medicinas y pagar la consulta al médico, pero no te dará salud; puedes comprarte sangre, pero no vida; puedes comprarte sexo, pero no amor…

    Con el tiempo aprendes que la vida es aquí y ahora, y que no importa cuántos planes tengas, el mañana no existe y el ayer tampoco.

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