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26 de octubre de 2020 4

Historia de un gordito

Hoy quiero contarte mi historia. Si ya conocías este blog es probable que hayas leído la Carta de Bienvenida a mis Lector@s (quién fui, quién soy y quién puedes llegar a ser)  donde hablo de lo que he vivido hasta hoy, tanto en el plano personal como en el profesional, pero hoy quiero contártela desde un punto de vista diferente: el de mi aparato digestivo.

¿Raro? No lo sé, solo espero que te sea útil, sobre todo si te sientes identificado conmigo en algún punto. De lo que sí estoy seguro es de que escribirlo a mí me va a ayudar (y mucho) y compartirlo contigo nos puede ayudar a ambos.

Me encantaría que este artículo tuviera un efecto similar a este otro Carta a mi yo porrero gracias al cual cada semana recibo mensajes de personas que me piden ayuda y yo, sin esperar nada a cambio, me pongo a su disposición para hablar.

Pero empecemos, como siempre, como debe ser, por el principio:

Infancia

Los que me conocen se sorprenderán: De pequeño mi familia me llamaba “Pitu” porque era muy delgadito, e incluso mi tío Manolo me llamaba “pecho anguila” en comparación a mi primo “Caco” al que llamaba “pecho lobo”.

Recuerdo a mi hermana Bárbara que, cuando yo tenía 10 años, me decía:

«¡Qué suerte tienes! ¡Comes lo que quieras y no engordas!»

Ella debía tener 18/19 y estaba en la edad de valorar estas cosas, yo aún no les daba demasiada importancia.

Recuerdo que “mi Ade”, mi segunda madre, me hacía unos bocatas de ColaCao y mantequilla inmensos a la hora de la merienda y luego pasó a hacerme enormes tostadas de pan con mantequilla y sal que no exagero al decir que eran de media barra.

Y era cierto, no engordaba.

Aunque, además de delgadito, era alto.

Y esto me lleva a otro recuerdo.

Mi pandilla de mi primer cole, mis inseparables, eran Dani González, Jaime Grau y Roberto Herrero. Un día estábamos jugando a interpretar los papeles de una serie de dibujos animados donde los protagonistas eran perros (no recuerdo cómo se llamaba la serie) en la que había uno muy molón y todos queríamos pedirnos este. No nos aclarábamos y de repente Roberto dijo que yo no podía ser ese porque yo era el más grande (ellos eran muy pequeñitos) y me otorgó el papel del perro gordo.

Creo que ese fue el primer momento en el que me sentí diferente en el mal sentido.

Pero, a pesar de esta anécdota, tuve una “infancia delgada”.

Adolescencia

A los 14 la cosa cambió.

Uno de mis recuerdos de ese cambio fue, un día, sentarme en la taza del váter y ver que a mis piernecitas en forma de palillos le rodeaba algo que luego supe que se llamaban “muslos” (quizás lo supe antes pero no le di importancia a la palabra).

Nunca antes los había tenido.

Desde ese momento empecé a crecer en todos los sentidos físicos; seguía siendo de los mas altos de la clase pero también me fui haciendo de los más grandes.

¿Grande es igual a gordo?

No siempre, hay personas muy grandes que no son gordos y hay gente muy gorda que no es grande.

Pero cuando tú ves que tienes ciertas formas en tu cuerpo que no son las aceptadas como bellas por la sociedad, independientemente de lo que diga la gente de ti, independientemente de que se refiera a ti como gordo o grande, uno lo interpreta como que se está refiriendo a su gordura. Al menos es lo que he vivido yo.

Cuando, por ser el más grande, siempre te ofrecen la última ración tus amigos en una cena o tu familia cuando sobra algo en casa “porque eres grande y seguro que te has quedado con hambre”, aunque disfrutes de ese último bocado, siempre tienes detrás el “soy el más gordo/grande». Y no sabéis lo habitual que es ese comentario y, aunque en la mayoría de los casos, se hace sin malicia, es una piedra más en tu mochila y una baja en tu autoestima.

Y, aunque pueda parecer un absurdo, yo, que no soy excesivamente gordo, he actuado de la misma manera con quienes eran más gordos/grandes que yo. Con esto quiero decir que no estoy culpando a quienes juzgan, y menos siendo yo quien he juzgado por el mismo motivo o por otros aspectos que tienen que ver con la personalidad o el físico de otras personas, simplemente trato de describir algo que he vivido.

¿Te sientes identificado con alguno de estos casos que te voy a listar a continuación?

  • Llevas toda la vida subiendo y bajando de peso con facilidad y estas variaciones son fuertes (en mi caso de un 10% arriba o abajo de mi peso).
  • Cada año tu referencia de peso sube un 1/2% con respecto al anterior.
  • No miras tu torso y abdomen al espejo desde hace años.
  • Cuando vas a un restaurante, mientras que otros disfrutan más de la conversación y están satisfechos con su ración e incluso dejan parte en su plato tu siempre buscas el trozo más grande, dejas tu plato impoluto y desearías comerte lo que se han dejado los otros.
  • Comes a escondidas.

Pues este he sido yo durante una gran parte de mi vida. Tanto si te ves reflejado o no sigue leyendo, igual te puede ayudar a entender a personas cercanas a ti o incluso puedes encontrar paralelismo con situaciones diferentes a esta pero con la misma solución.

Fue en la adolescencia cuando empecé a buscar soluciones: empezar mis primeras dietas, apuntarme a un gimnasio cosa que, en los 90, no estaba tan de moda y era algo más para “culturistas, flipaos y gordos”…

Yo no quería ser parte del tercer grupo.

Edad Adulta

Dieta Dukan, ayuno intermitente, dieta Keto, dieta del cucurucho 😂, dieta tradicional, dieta del sirope, dieta vegetariana, dieta vegana…¡las he probado todas! Y he leído mucho (muchísimo) sobre el tema.

Todas ellas me han ayudado mucho pero el resultado siempre ha sido el mismo: perder y ganar.

A los 20 años decidí complicarme la vida un poco más con una adicción a los porros (aquí te cuento un poco más), sustancia que, entre otros efectos, te despierta un apetito voraz (hay a gente que no le ocurre pero son minoría).

Esta adicción a los porros/tabaco duró 15 años (hasta mis 35) y después de eso, aunque dejé de fumar habitualmente si que he hecho visitas puntuales a ambas sustancias. No más de 3/4 veces al año pero suficientes para generarme un desequilibrio que me llevaba a ganar todo el peso que había perdido.

Mi madre hizo mucho por mí durante toda mi vida pero quizás una de las mejores cosas fue invertir en mi formación deportiva. Además de llevarme a colegios en los que el deporte estaba muy integrado en su ADN, ella trataba siempre de hacerme ir un paso más allá: clases de tenis, padel, golf, esquí, natación, hockey hierba, judo…

No destaqué nunca en ninguno salvo en natación, deporte en el que estaba entre los 2/3 primeros de todo el curso.

Pero a los 20 años empezó a llamarme más la vida del ocio nocturno junto a las adicciones mencionadas arriba, por lo que el deporte pasó a un segundo plano.

Miento, desapareció del plano.

Entonces tenemos a un chaval con tendencia a engordar, consumidor de alcohol (“solo” fines de semana), que es una de las sustancias más calóricas que existen, fumador de porros que, como ya he mencionado, es una sustancia que te hace devorar todo lo que pillas en la nevera, gordo/grande, a quien todo el mundo le ofrecía la última porción y que además no hacía deporte y la única manera de bajar de peso era estresar su cuerpo a base de dietas.

La Búsqueda

Llega la crisis de 2008 y durante esos años pasan dos cosas en mi vida: pierdo mi trabajo y pierdo a quien durante casi dos años fue mi esposa (no por fallecimiento de esta sino por ruptura del amor).

En ese momento mi vida cambia: Por un lado empiezo a emprender y la cosa sale bien por lo que me vuelco en mi trabajo. Por otro lado, soltero, sigo con mi vida juerguista.

En esa soltería vuelvo a “salir de caza” y en una de esas cacerías encuentro a una mujer, también recién divorciada como yo,  con las mismas ganas de diversión tras muchos años de matrimonio y, a diferencia de mí, con 3 hijos.

Y nos comemos juntos la noche durante algunos años.

Pero ella tenía otros planes. Para ella esto no podía durar. Para ella esto era una transición y poco a poco empieza a frenar el ritmo.

Y yo tampoco tenía muchas ganas de seguir.

Y decidí ver qué otra vida podía enseñarme esta persona.

Ella no fumaba y su vida, antes de conocerme y de que revolucionara su mundo, era muy tranquila. Disfrutaba de las pequeñas cosas, se conformaba con poco y no esperaba una vida de lujos.

El tabaco y las diferentes maneras en las que habíamos vivido antes de conocernos estuvieron cerca de separarnos pero decidimos, antes de mandarnos el uno al otro al carajo, recurrir a un especialista, a un psicólogo de parejas.

Entonces hice una búsqueda en Google: “psicólogo de parejas Las Rozas”. Esa búsqueda me cambió y me salvó la vida. Fue el principio de muchas cosas que estaban por suceder y que me han llevado a escribir este artículo.

Al final dimos con Sonia Navajo. En esta entrevista puedes conocer toda mi historia con ella .

Yo por aquel entonces pensaba que los psicólogos eran carísimos y que su objetivo era tener muchas sesiones contigo para tener más ingresos recurrentes.

No sé el resto, pero con Sonia no fue así.

Tuvimos pocas sesiones con ella: una juntos en pareja y creo que dos o 3 por separado y luego, a lo largo de los años, alguna de manera puntual.

Sonia cometió el error de darnos la llave que haría que no necesitáramos muchas mas sesiones y esta fue recomendar que leyéramos juntos Los 5 lenguajes del amor .

Gracias a ese libro entendí que yo era de una manera, que ella era de otra y que teníamos diferentes formas de demostrarnos amor.

Esto solucionó muchas cosas de nuestra relación pero además, tanto este libro, como Sonia, me ayudaron a entender por qué fumaba y por qué comía y ambas adicciones tenían algo en común: soy una persona con tendencia a la adicción y esto era debido en parte a mi genética (he leído que un 25% depende de esto) y en parte a toda mi historia vivida y la gente que ha participado en ella.

Fue entonces cuando descubrí que durante muchos años no había equilibrado las dimensiones que todo ser humano debe cuidar: física, mental, espiritual y emocional. Mi objetivo y mi preocupación siempre había estado enfocada a cuidar la física pero a través de los medios incorrectos.

Y aquí introduzco la clave de todo: el equilibrio.

Entonces empiezo a reflexionar (dimensión mental) sobre por qué soy como soy (dimensiones espiritual y emocional) con el objetivo de lograr aquello que tanto me preocupa (dimensión física).

Y yo, cuando reflexiono, escribo. Por un lado, porque mi déficit de atención no retiene si no lo hago y por otro lado, porque me permitía profundizar y no quedarme en meros aprendizajes.

Y entonces escribo una serie de reflexiones. Las escribo sin ningún orden ni objetivo en particular más allá del ayudarme a entender mi personalidad y, quizás, ayudar a alguien que lo lea.

Pero ahora, mirando con perspectiva, podría clasificar estos artículos en las dimensiones mencionadas antes:

Física

Mi reto 2019: Cruce Solidario del Estrecho de Gibraltar
Todas las mañanas vuelo como Supermán y ando sobre la luna 
La teoría del millón de euros
Lo mas parecido a emprender; el deporte

Emocional

Proyecto Destiny: Ayuda a alguien, a cualquiera. Hoy ¡ya!
Cómo tomar decisiones poco populares en situaciones difíciles
Carta a mi yo porrero
Experimento 2.0: la mejor manera de conocer y aprovechar a tus contactos online
Tu lista de personas vitales. Aquí la mía (un post Vivo)
Emprendedor, así es como debe ser tu viaje
No te olvides de ti mismo

Espiritual

Algunas reflexiones sobre la conciencia, el presente, el futuro y el covid19
Mi meditación vipassana: 9 días en silencio / 11 horas de meditación diarias
Mi segunda meditación Vipassana (como servidor)
Emprendedor: controla tu flujo de sangre
La energía que viene y va

Mental

Reflexiones sobre el día del trabajador en tiempos de crisis
Consejo para diferenciarte: cuándo todos hagan una cosa tú haz lo contrario
¿Quién prefieres ser, Clavo Congelados o La Familia de Lola?
Y tomates pasodoble Buzoneo 2.0: la mejor acción de marketing que he vivido
Experimento: 28 cosas que he aprendido en dos meses
La satisfacción de construir del emprendedor
La jornada laboral de 15 horas
23 Reflexiones sobre el cambio
28 reflexiones sobre mí, sobre ti, sobre nosotros
Si vas en una dirección equivocada o no deseada, vas a llegar a un destino equivocado o no deseado
Reflexión sobre nuestra relación con la cultura y la vida

Y de estos artículos hay dos relacionados con experiencias intensas, ambos enfocados a encontrar el problema de raíz que no me permitía controlar algo tan sencillo como mi peso.

El primero es el de mi primera meditación Vipassana. Mi objetivo iba más allá de adelgazar pero pensaba que si pasaba 10 días en un sitio donde se comía sano y no se cenaba más que una pieza de fruta adelgazaría unos kilos (y así fue).

El segundo es el de mi cruce del Estrecho de Gibraltar a nado . De nuevo, mi objetivo iba mas allá del hecho de adelgazar pero tenía claro que si estaba un año entrenando duro y cuidando mi alimentación llegaría hecho un fideo (y no fue así, empecé a entrenar pesando 103 kgs y crucé el estrecho con 109, el motivo entiendo que fue el estrés al que sometí a mi cuerpo).

Por lo tanto: ni dietas, ni un año entero de deportes intenso, ni meditación, ni nada de lo que había probado hasta el momento iba a solucionar mi problema.

Pero yo no soy de tirar la toalla y decido seguir investigando: desde soluciones que requerían intervenciones quirúrgicas (mi caso no es tan grave, pienso yo, como para tener que pasar por quirófano) hasta lo que estoy a punto de contarte.

Al lado de mi casa paso de vez en cuando por la Fundación Recal, un centro de adicciones. Decido llamar y concertar una cita.

Amablemente me recibe una de esas personas que también te cambian la vida, se trata de Boris.

Hablamos durante una hora en sus instalaciones y Boris me explica que su programa funciona por medio de internamientos de 3 meses.

Yo me quedo helado y pienso para mí mismo ¿¡cómo voy a estar encerrado 3 meses y desatender mis negocios y a mi familia!? Pero tengo tantas ganas de solucionar el problema que le pregunto ¿y podría trabajar desde mi ordenador y contactar con mi familia?

Sin que Boris me responda y leyendo su cara, me da la impresión de que estamos hablando de un internamiento estricto y que eso no sería posible o al menos, de serlo, sería muy limitado.

Pero Boris, antes de responderme, me pregunta si realmente es lo que necesito y me habla de una alternativa previa a valorar el internamiento, se trata de OA Comedores Compulsivos, una iniciativa sin animo de lucro, con muchos años de experiencia, y que nació y mantuvo el método de Alcohólicos Anónimos.

Boris, este ángel anónimo, me hace entender que hay un nombre para lo que yo tengo y que se trata de una adicción de la que muchos salen y que hay un grupo donde puedes escuchar historias de gente cómo tú e incluso tener un padrino que te guíe en tu camino.

Por lo tanto, al menos por el momento, no me tengo que internar 3 meses ¡hay otra salida!

Decido asistir a una de estas reuniones que, debido al COVID, no es presencial como en las películas sino vía Whatsapp. Todo muy bien organizado.

En esa sesión comparto y otros comparten.

No he asistido más que a un par de sesiones pero recibo sus mensajes casi a diario y esto ayuda, de hecho, desde entonces, hace hoy 42 días, he mantenido un perfecto equilibrio.

¿Solo por esto?

¡NO!

Como veis, hasta llegar aquí el camino ha sido (está siendo, mejor dicho) largo, podríamos decir que duro, pero, sobre todo, apasionante.

Hace 42 días pesaba 112 kgs y hoy peso 106. No estoy ni siquiera cerca de mi objetivo, que realmente no está relacionado con el peso sino con el equilibrio. Un reto al que he llamado 365 días de equilibrio. Pero, aún así, considero que hoy es el día para escribir esto.

¿Por qué?

  • Porque nunca existirá el día perfecto.
  • Porque escribir esta carta a mi mismo para dejar de fumar, tan solo 6 días después de haber dejado de fumar, una vez más, fue el inicio del cambio y fue lo que generó el cambio.
  • Porque llevo desde el 21 de septiembre de este año (2020), con 25 RevenueKnowmads con los que me he embarcado en un reto en el que nos hemos comprometido a micro-retos individuales (dejar de fumar, perder unos kilos, hacer deporte, escribir a diario…), con un objetivo a 365 días. El reto consiste en alcanzar ese objetivo de manera saludable y rellenando un diario en el que no podemos fallar. Si uno falla en rellenar ese diario el reto muere. Por cierto, este reto tuvo su origen en una sesión que tuvimos con Isra García y esta fue nuestra reacción. Hoy, día en el que escribo este artículo, Isra me ha confirmado que ha aceptado el reto.
  • Porque tras haber probado todas las dietas, haber probado la meditación de manera intensiva, haber cruzado el Estrecho de Gibraltar, haberme sometido a tratamientos de acupuntura, haber estado en terapia psicológica y aún así no haber conseguido, a día de hoy, mis objetivos, tengo la mochila llena de aprendizajes y mi reto de este año son 365 días de equilibrio y estoy seguro de que esto (el equilibrio) es lo que necesito para conseguir cualquier cosa, incluido alcanzar el objetivo que estoy relatando en este artículo y por el que llevo luchando varias décadas.
  • Porque en los últimos años he profundizado mucho en mi autoconocimiento y en los últimos meses he descubierto que hay una cosa que se llama temperamento y estoy estudiando la fórmula de hackear los vicios actuales que tengo y transformarlos en virtudes por medio del carácter.
  • Y porque, si no lo consigo, será otro aprendizaje que cargar a la mochila y, como decía Thomas Edison “No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”, y esto me ayudará a buscar otra manera y, si muero sin conseguirlo, habré vivido intensamente buscando la felicidad. Mi madre siempre me dice que ojalá hubiera heredado sus genes, ella no engorda por mucho que coma, pero heredé los de mi padre, con cierta tendencia a engordar. Hubo un tiempo en el que yo también lo deseaba pero pienso que, de haberlos tenido, quizás no hubiera vivido este apasionante viaje de introspección, autoconocimiento y lucha. Tal y como escribí en el artículo al que llamé “Emprendedor: así es como debes ver tu viaje”. Lo importante no es el objetivo, es el camino.

El Aprendizaje

Además de los aprendizajes que puedas extraer de todo lo que has leído quiero compartir otros contigo:

  • Aprende a aceptarte pero no te rindas.
  • No juzgues a nadie, sin excepciones.
  • No “ser perfecto” y tener algo por lo que luchar es lo mejor que te puede pasar en la vida.
  • Busca, busca, busca, pero te voy a hacer un spoiler de la conclusión final: El equilibrio es la clave.
  • Un problema como el que estoy relatando se puede catalogar como “problemas del primer mundo”. Y en realidad lo es. Pero también es cierto que tú no puedes hacer feliz a los demás si tú no lo eres y como mi Ikigai consiste precisamente en esto (ayudar a los demás), trabajo en solucionar este y otros aspectos de mi vida con los que no estoy plenamente satisfecho.
  • No aceptes los juicios de los demás. Si las personas que te juzgan te importan explícales por lo que estás pasando, si aún así siguen juzgándote, mi teoría es que no les importas por lo que deberían dejar de importarte o, al menos, deberías dejar de dar importancia a sus juicios. Aunque te advierto que hay que ser muy fuerte para estar cerca de una persona que, a pesar de saber que cuando te juzga sufres, sigue haciéndolo.

Y ahora ¿qué?

Pues aquí me tienes, un 25 de octubre de 2020, haciendo un ejercicio maravilloso, no solo de introspección, sino repasando mi vida a través de lo que considero que ha sido mi talón de Aquiles día tras día y buscando una manera más de solucionarlo.

Hace unos meses os hablaba de mis rutinas, hoy estas han cambiado (2 horas dedicadas a mi crecimiento y equilibrio cada mañana sin falta, estoy probando la acupuntura, y otros nuevos hábitos que voy incorporando o modificando cada día…) y seguramente en unos meses mis rutinas habrán evolucionado. Y no sabes cómo lo disfruto.

Seguiré trabajando en mi equilibrio, buscando estar consciente en el momento presente todo lo posible durante los próximos 323 días (hasta completar el reto de 365 días).

¿Y después? Como dice Isra ¡no existe un mapa!  Bailaremos con el momento.

Si lees esto, sea lo que sea aquello que quieres cambiar en tu vida, no estás solo.

Espero haberte inspirado y, si has llegado hasta aquí, házmelo saber con un comentario o cuéntame en privado tu historia. Si quieres, claro.

Espero también que este texto te ayude tanto como me ha ayudado a mi escribirlo.

 

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4 Comentarios para “Historia de un gordito”

  1. Diego dice:

    Muy buen artículo Jaime, muchas gracias por abrirte, eres una gran persona y conseguirás tus objetivos

  2. Marta dice:

    Hola Jaime, es increíble pero he visto reflejada mi vida en cada uno de los pasos por lo que tú has pasado, yo estoy igual y siempre digo lo mismo, si quiero perder peso, tengo que estar bien de la cabeza es lo que tú llamas el equilibrio.
    No sabes la pena que me da que haya llegado el COVID.
    Te conocí en la feria HIP en febrero de 2020, e iba a entrar en tu segunda promoción de Knowmads, pero no me atreví, y menos mal, porque no he podido volver a abrir y no he tenido ningún tipo de ayuda.
    Aún con todo, acabo de contratar el método BYST con uno de tus equipos. Para ver la mejor forma de gestionar el hotel con los menores gastos.
    De veras, me encanta lo que estás montando y a ver si puedo entrar a formar parte de tu tercera generación de Knowmads.
    Ahh y me quedé como finalista en el proyecto a financiar, que di me conceden una subvención, voy a intentar sacarlo adelante… como ves estoy deseando trabajar con vosotros, te sigo y me apunto a todo😊.
    Un saludo y enhorabuena!!

    • Muchas gracias por tu comentario Marta, me alegro de que te haya hecho reflexionar. Si! Sigo vuestro proyecto de cerca y espero que podamos ayudarte. También esperamos poder tenerte pronto entre nosotros. Mucha fuerza!

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